III
No cabe en su asombro
la sorpresa de que el deseo se haga realidad
y después un gesto, como si fuera lo más natural del mundo
montarla
y andar
esquivar con cautela la baldosa rota
tambalearse
refrenando el susto en virtud del entusiasmo
y decir
esta bicicleta me gusta tanto tanto que no lo puedo ni creer
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