policarbonato
Dificil escribir en esta computadora. El nuevo techo de policarbonato que reemplaza al anterior de vidrio porque fué apedrado por el último granizo que azotó a Buenos Aires no resultó ser tan confortable. El sol pega y se irradia. Apenas se ve la pantalla por la luz y yo me derrito por el calor. Literalmente. Me empapo de sudor. Mientras tanto un creciente nerviosismo trepa como una enredadera imparable. Quién soy, Dios. Quién quiero ser.
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