Recursos infantiles
Hoy, después de abstenerme durante prácticamente cuatro días consecutivos de prender el televisor y llegar a la firme determinación de dar de baja el servicio de Cable, mi hija me pide ver dibujitos (Cosa que ha hecho, como mucho, tres veces en su vida). Me opongo débilmente. Insiste, solo una vez. Enciendo el aparato y sintonizo el canal de niños más políticamente correcto y oligofrénico – Barney es la estrella, los Teletubies sus secuaces- de la historia humana. Ella, con una coherencia impecable, me dice que se aburre con “Los hermanos Koala”. Control remoto en busca de algún otro programa (En mi época aún dábamos vuelta la perilla, qué bárbaro) hasta dar con los inefables Power Rangers. Esto! Esto! Grita eufórica la pequeña. Y pasa a explicarme: Esos son señores disfrazados de Power Rangers. Claro, le digo. (Últimamente respondo “claro” al menos treinta y cuatro veces por día. La niña emite sonidos todo el día, consistan o no en discursos descifrables y, debo admitir, muchas veces ni siquiera la escucho. Pensar que todavía a los dos años no decía ni media palabra y estábamos tan preocupados que barajamos la posibilidad de hacer una consulta médica o psicológica). Promediando la hora de TV, después de que yo me hube bañado, acicalado, peinado, mi hija una vez más hace gala de su enorme mesura, sentido común e inteligencia y me dice “quiero apagar”. Me visto, previa recomendación de Frany, que opina que mi pollera es “hermosa”, luego elegimos el vestuario acorde para ella: es decir, un atuendo lo más parecido posible al mío, y partimos a almorzar a Recursos infantiles (nuevamente la sugerencia la hace ella). La señora empleada del lugar le dice apenas llegamos qué linda que es y que parece una princesa. Frany no contesta. Apenas inclina la cabeza, bajando el mentón al pecho. Yo sonrío, simpatiquísima. Elegimos el menú –ñoquis con salsa rosa: todo, absolutamente todo debe ser rosa ahora- y le expongo a mi hija la siguiente inquietud: ¿Vos sos una princesa o una Power Ranger? “Una Princesa que le gustan los “Power Rangers”. Claro. Qué tonta mamá. Ella apura un par de ñoquis, tres, cuatro y salta al sector de juegos –obvio, para qué vinimos en realidad- y se entretiene durante una hora y media con todos los juguetitos artesanales-de autor-diseño propio- que hay en el local, mientras yo leo plácidamente el diario. Después me hace un nuevo requerimiento ante el cual, esta vez, me muestro terminante. Un caramelo. Que no. “Ayer no quisiste lavarte los dientes, hiciste mucho lío y además no podés comer golosinas todos los días”. Esta vez, la que flaquea es ella. En el fondo de su cabecita infantil, sabe que tengo razón. Hace silencio unos instantes y dispara: “No sé por qué me enojé anoche”. Ahí aprovecho para tocar un temita delicado. “Porque estabas muy cansada y no te querías ir a dormir. ¿Qué pasa? ¿Te da miedo ir a dormir? ¿Te da miedo la noche? ¿Soñás cosas feas? ¿Qué soñas, mi amor? ¿Te acordás?” Me dice que si, se acuerda. Y relata: “Sueño que duermo en la calle”. Ay.
3 comentarios:
odio las vacaciones. que me devuelvan a Pol-ka, a Lachica, a Chols, a Ráult...
debere anotar-agendar que hoy, 8 de enero de dosmilsiete, es la primera vez que llore con un blog?
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