sábado, 13 de enero de 2007

Viernes. Noche.

Cena en casa de madre. Shabat y cumpleaños. Como de costumbre, banquete. Niñas revoloteando.
La casa en la que crecí está abarrotada de muebles heredados y de bibliotecas rebalsantes. Libros como ladrillos pesados que me interpelan. Subo y bajo escaleras, no puedo quedarme un segundo quieta, no puedo permanecer entre la gente. Soy un punto suspensivo rebotando. Huyo hacia el jardín a fumar en soledad. Luces apagadas. Sentada en una silla de plástico, escucho los gritos a voz en cuello de una vecina que dispara insultos desde la ventana iluminada del edificio de enfrente. Soy testigo involuntaria de su ira, que llega a mis oídos como por oleadas. Una marea embravecida. Miserable, dice. Y: no es una amenaza.

2 comentarios:

Fishboy dijo...

jajaja, menos mal que no es una amenaza, si llegara a serlo empieza a los tiros.
saludos, Ex.

Vir dijo...

Ciudad, verano y violencia, Fish. Si.